
Dirigida por Jon Watts y estrenada en 2014 con el título original Clown, esta perturbadora película de terror sigue el descenso a la pesadilla de un padre común que, tras usar un antiguo traje para animar la fiesta de su hijo, descubre que la prenda es en realidad una entidad maldita. En El payaso del mal (2014), las interpretaciones de Andy Powers, Laura Allen y Peter Stormare sostienen una historia que mezcla tragedia familiar con una metamorfosis física y emocional aterradora. La cinta, producida por Eli Roth, destaca por su tono oscuro y su enfoque visceral sobre cómo lo cotidiano puede convertirse en un infierno sin salida.
El personaje interpretado por Andy Powers inicia como un padre entregado, dispuesto a hacer reír a su hijo en su cumpleaños. Sin embargo, la imposibilidad de quitarse el traje revela una transformación lenta, dolorosa y llena de angustia. La película explora con precisión cómo el horror crece a medida que el protagonista lucha por conservar su humanidad. Lo que comienza como un gesto inocente se convierte en una pesadilla física y emocional, donde cada intento de resistencia parece reforzar la presencia del demonio que lo consume.
A través del personaje de Peter Stormare, la película introduce la historia del “Cloyne”, una figura demoníaca asociada al folclore europeo. Este origen oscuro da un peso mitológico al relato y explica por qué el traje posee vida propia. La cinta sugiere que la entidad no solo transforma el cuerpo, sino también la mente del protagonista, despertando impulsos que él nunca imaginó poder sentir. La maldición se convierte así en un espejo retorcido de los miedos humanos más profundos.
La película destaca por utilizar escenarios comunes —una casa, un hospital, un parque infantil— para amplificar la sensación de desprotección. La dirección de Jon Watts combina terror corporal con atmósferas densas que evocan claustrofobia. Cada escena está construida para incomodar: desde el simple acto de intentar arrancarse el traje hasta los momentos donde la entidad toma control total. El contraste entre lo familiar y lo monstruoso hace que el horror se sienta cercano y posible.
El personaje de Laura Allen aporta un contrapunto emocional esencial. Su desesperación por salvar a su esposo y proteger a su hijo convierte el conflicto en algo más que un juego demoníaco: es un drama familiar desgarrador. La película muestra cómo el amor se confronta con la realidad del monstruo en el que él se convierte, creando un dilema moral y afectivo que eleva la intensidad emocional del relato.
El payaso del mal (2014) culmina con un desenlace duro, donde el horror se impone sobre cualquier esperanza de redención. La transformación final del protagonista es tan física como simbólica, mostrando que algunas maldiciones no pueden romperse sin un sacrificio devastador. La última secuencia deja una huella inquietante, recordando que el terror más efectivo proviene de aquello que amamos y tememos perder. Es un cierre contundente para una película que no rehúye la oscuridad.