
Dirigida por Jess Varley y estrenada en 2025 con el título original The Astronaut, la película sigue a Sam Walker, una astronauta de la NASA que regresa a la Tierra tras un accidente en misión cuando su transbordador es impactado por escombros. Sam sobrevive al aterrizaje forzoso y es rescatada por la Guardia Costera, pero al despertar en el hospital descubre que la tragedia no terminó en el espacio: médicos con trajes de hazmat la interrogan, ella no recuerda lo ocurrido y la colocan en cuarentena por “descontaminación”.
La presión aumenta cuando aparece su padre, el general William Harris, y le informa que el Pentágono tomará el control de la investigación. “Por seguridad”, Sam es trasladada y confinada en una cabaña rural donde vive completamente aislada. Allí comienza una rutina asfixiante de pruebas físicas y mentales, y lo que parecía un retiro médico se revela como una vigilancia constante: cámaras ocultas, protocolos estrictos y una sensación de que cualquier paso en falso tendrá consecuencias.
Sam descubre que la propiedad está cableada y monitoreada, y que debajo de la casa existe un búnker conectado al sistema de seguridad. Tras un corte de energía y una alarma de intrusión, la noche se vuelve pesadilla: una criatura negra logra entrar, obligándola a refugiarse bajo tierra. Cuando revisa las cámaras, el intruso ya no está. La película construye tensión con silencios, apagones y esa certeza inquietante de que lo imposible ya cruzó el umbral.
Mark, su esposo, e Izzy, su hija, la visitan y traen un alivio breve que choca con lo que Sam empieza a temer. Ella les habla de las criaturas y revela el propósito real de su misión: supervisar la transmisión de un mensaje dirigido a vida extraterrestre. Sam cree que algo detectó esa señal… y la siguió de vuelta. A partir de ahí, los ataques se vuelven más extraños, como una nube de insectos que cubre la casa y muere de golpe, dejando una calma antinatural.
Los síntomas empeoran: moretones, deterioro físico y señales imposibles que transforman el terror en paranoia corporal. En una nueva noche de apagón, Sam descubre que su piel está cubierta por un material parecido a una placenta, y que ya no se trata de una sola presencia. Varias criaturas están dentro. El asedio se vuelve directo y ella escapa por conductos hasta el bosque, donde el horror cambia de forma: las entidades no solo acechan, también comunican.
Mediante telepatía, las criaturas le revelan que son su verdadera familia y que Sam no es humana: es una alienígena cuya identidad fue cubierta por un disfraz que empieza a deshacerse. Los recuerdos regresan como fragmentos de una persecución gubernamental tras un accidente en el desierto años atrás. El general revela que la misión fue diseñada como trampa para atraer y capturar a los otros. En el final, Sam acepta que su vida humana termina, se despide de Mark e Izzy y parte con su auténtica familia en una nave que se eleva hacia la noche, dejando atrás la Tierra y una última imagen de amor mezclado con pérdida.