
Dirigida por James Watkins, La dama de negro (título original: The Woman in Black) es una inquietante película de terror gótico protagonizada por Daniel Radcliffe. Basada en la novela homónima de Susan Hill, esta adaptación combina el misterio clásico con el horror sobrenatural en una historia de fantasmas marcada por la atmósfera, la tragedia y la soledad. Con una cuidada ambientación victoriana y un tono sombrío, la película devuelve al género su elegancia y su poder sugestivo.
La historia sigue a Arthur Kipps (Daniel Radcliffe), un joven abogado londinense que viaja a un remoto pueblo costero para encargarse de los asuntos legales de una mansión abandonada: la inquietante Casa Eel Marsh. Aislado por la niebla y las mareas, Kipps pronto descubre que el lugar guarda un oscuro secreto. Una aparición femenina vestida de negro ronda la propiedad, y su presencia parece estar relacionada con la muerte de varios niños del pueblo. A medida que Arthur se adentra en el misterio, su racionalidad se ve desbordada por un terror que trasciende la lógica.
Daniel Radcliffe se aleja de su imagen juvenil para interpretar un personaje adulto marcado por la pérdida y la culpa. Su actuación transmite vulnerabilidad y determinación, sosteniendo el peso emocional de la historia. El elenco secundario, encabezado por Ciarán Hinds y Janet McTeer, aporta solidez y matices a la comunidad aterrorizada por la maldición. La película no depende del exceso de efectos, sino del talento interpretativo y la atmósfera.
James Watkins y el director de fotografía Tim Maurice-Jones construyen un universo visual digno de los grandes clásicos del terror británico. Las luces tenues, la bruma constante y los tonos fríos crean un ambiente donde lo sobrenatural parece siempre al acecho. La mansión se convierte en un personaje más: su silencio, sus pasillos interminables y sus juguetes antiguos contribuyen al escalofrío. Cada sombra y cada sonido están diseñados para mantener la tensión al límite.
La música compuesta por Marco Beltrami refuerza la sensación de angustia con cuerdas agudas, pianísimos casi imperceptibles y estallidos sonoros precisos. El diseño sonoro es esencial: el crujir de la madera, los susurros y los llantos infantiles crean una sinfonía del miedo que se apodera del espectador sin recurrir al exceso.
La dama de negro (2012) —The Woman in Black— es una obra que revive el terror gótico con elegancia y profundidad emocional. James Watkins ofrece un relato atmosférico que prioriza el suspense sobre los sustos fáciles, recordando a los mejores trabajos de la productora Hammer. Con una ambientación impecable, una historia trágica y un protagonista que enfrenta tanto a los fantasmas como a su propia pérdida, la película logra ser un homenaje al horror clásico y una experiencia tan hermosa como aterradora.