
Dirigida por Sophie Brooks y estrenada en 2025 con el título original Oh, Hi!… la historia arranca como una comedia romántica íntima y aparentemente ligera. Iris y Isaac, interpretados por Molly Gordon y Logan Lerman, llevan apenas cuatro meses saliendo y deciden probar su primer fin de semana juntos en una granja aislada. Todo parece una fantasía romántica hasta que, tras una noche de sexo marcada por el juego y la confianza, Isaac confiesa que no busca una relación seria y que ha estado viendo a otras mujeres. Esa revelación, hecha mientras permanece esposado a la cama, rompe el tono inicial y transforma el relato en algo incómodo, emocionalmente crudo y profundamente humano.
Iris reacciona desde el dolor y la humillación, no desde la maldad. Decide dejar a Isaac encadenado, convencida de que el tiempo y la conversación podrán cambiar su postura. Lo que comienza como una fantasía romántica torcida se convierte en una situación límite donde el consentimiento ya no existe. Isaac pasa del desconcierto al miedo y finalmente a la rabia, acusando a Iris de secuestro. La película no justifica sus actos, pero sí se atreve a explorar cómo el abandono emocional puede empujar a decisiones desesperadas, mostrando que el control no nace del poder, sino del miedo a quedarse sola.
La llegada de Max y Kenny, interpretados por Geraldine Viswanathan y John Reynolds, añade una capa incómoda de humor y responsabilidad moral. Lo que parecía un problema privado se convierte en una situación colectiva donde todos pasan a ser cómplices. Max intenta ayudar a Iris sin cuestionar del todo sus actos, mientras Kenny representa la voz externa que señala la gravedad de lo ocurrido. La película utiliza esta dinámica para mostrar cómo la amistad puede volverse peligrosa cuando se confunde apoyo con silencio.
El giro sobrenatural con la poción para borrar la memoria no funciona como un recurso de fantasía tradicional, sino como una metáfora del deseo de empezar de nuevo sin consecuencias. El ritual, desnudo y extraño, tiene más carga emocional que mágica. El sueño de Isaac, donde revive momentos íntimos con Iris para terminar escuchándola decir que lo odia, revela que la memoria no puede borrarse sin dejar huellas. Incluso cuando creemos olvidar, el cuerpo y las emociones recuerdan.
Cuando Isaac escapa con el coche bajo la lluvia, el relato abandona cualquier ilusión romántica. Iris, por primera vez, decide no perseguirlo, aceptando la gravedad de lo que ha hecho. El accidente posterior no funciona como castigo, sino como consecuencia inevitable de una cadena de decisiones impulsivas. El encuentro final en el bosque, con Isaac herido e incapaz de caminar, fuerza una conversación honesta donde ambos reconocen sus errores sin excusas ni reproches.
Oh, Hi! cierra sin reconciliaciones ni promesas. Iris observa cómo Isaac se marcha en una ambulancia, entendiendo que amar no garantiza ser amado de la misma forma. La película no ofrece consuelo fácil, pero sí una verdad incómoda: forzar una relación es otra forma de violencia. Sophie Brooks firma una obra íntima y valiente que incomoda porque se atreve a mirar de frente el lado más egoísta del amor, recordándonos que aceptar un no también es una forma de crecer.