
Dirigida por Robert Rodríguez y estrenada con el título original Planet Terror, esta película de 2007 forma parte del proyecto cinematográfico «Grindhouse», compartido con Quentin Tarantino. Con una estética retro, exageración visual y humor negro, el filme rinde homenaje al cine de serie B de los años 70, utilizando mutantes, explosiones, vísceras y acción estilizada para construir una experiencia frenética y deliberadamente excesiva. Es un viaje que mezcla horror, comedia y acción descontrolada con ritmo constante.
La historia se desarrolla en una pequeña ciudad donde un gas militar se libera accidentalmente, desatando una infección que transforma a los habitantes en criaturas deformes y agresivas. Este evento desencadena caos generalizado, enfrentamientos en calles, hospitales y bases militares, situando a los protagonistas en una lucha desesperada por sobrevivir mientras la infección se expande de forma imparable. El trasfondo científico es sencillo, pero sirve como motor para la acción constante.
El grupo de protagonistas incluye a personajes diversos y carismáticos: Cherry Darling, una bailarina go-go con una pierna amputada que adopta un arma como prótesis; Wray, un hombre misterioso con habilidades letales; y un equipo de médicos, soldados y civiles con objetivos propios. La película convierte la supervivencia en un espectáculo explosivo donde cada personaje aporta un estilo único a la batalla contra la infección.
El filme adopta efectos prácticos, filtros granulados, colores saturados y cortes abruptos para imitar cintas deterioradas de autocine. Incluso incluye «carretes faltantes» como parte del chiste meta-cinematográfico. La violencia es exagerada y grotesca, con sangre, mutaciones y explosiones llevadas al extremo de forma casi caricaturesca. Es un estilo visual que apuesta más por impacto y personalidad que por realismo.
A pesar de su tono sangriento, la película se sostiene gracias a su humor absurdo y diálogos cargados de sarcasmo. Cherry pasa de víctima a heroína armada, mientras Wray es presentado como un luchador enigmático lleno de secretos. Los antagonistas no solo son los mutantes, sino también figuras militares corruptas y experimentos fallidos. Cada interacción mezcla comedia y tensión sin perder ritmo ni energía.
La película avanza sin pausas, encadenando persecuciones, tiroteos, explosiones y combates cuerpo a cuerpo. Rodríguez utiliza una edición agresiva y música intensa para mantener la adrenalina en lo más alto. El enfoque no busca suspenso psicológico, sino un espectáculo constante que celebre el caos. La narrativa es sencilla, pero funciona como plataforma para la acción estilizada que define el proyecto.
Planeta Terror es una experiencia frenética y exagerada que abraza lo grotesco con orgullo. Su mezcla de estética retro, violencia desmedida y humor descarado la convierte en una obra ideal para fans del cine exploitation, de las propuestas irreverentes y del estilo provocador de Robert Rodríguez. Una película diseñada para divertirse sin filtros, homenajeando un género que nunca buscó moderación.