
Dirigida por Justin Baldoni y estrenada en 2024 con el título original It Ends with Us, esta adaptación de la novela de Colleen Hoover explora el ciclo del abuso emocional y físico desde una mirada íntima, vulnerable y profundamente humana. La película sigue a Lily Bloom, una mujer que intenta construir una nueva vida mientras enfrenta recuerdos dolorosos, amores complicados y una verdad que marca el punto exacto donde todo debe terminar… para poder comenzar de nuevo.
Lily es el corazón emocional del filme. Su historia se despliega entre flashbacks de una infancia marcada por la violencia y un presente donde intenta encontrar estabilidad. Su relación con Ryle representa tanto la ilusión del amor perfecto como el despertar brutal a realidades que había jurado dejar atrás. La película muestra su conflicto interno con una honestidad desgarradora: el miedo, la culpa, la esperanza y ese momento clave en el que comprende que repetir la historia no es opción. Su valentía no está en quedarse, sino en tomar distancia.
Atlas encarna el amor seguro, la conexión sincera y los recuerdos que nunca se borran. Su regreso al presente de Lily abre viejas heridas pero también ilumina el camino hacia algo más sano. La película no lo presenta como un salvador, sino como un contraste: la prueba viviente de que el amor no debe doler ni destruir. Sus escenas juntos están marcadas por una ternura suave y por silencios que dicen más que cualquier declaración.
El personaje de Ryle es complejo, magnético y profundamente trágico. Su encanto inicial, su inteligencia y su vulnerabilidad generan empatía… hasta que la violencia irrumpe. El filme no romantiza sus actos ni los justifica: los muestra como parte de un ciclo devastador que él mismo no sabe detener. Sus explosiones de ira, sus disculpas desesperadas y su incapacidad para controlar su propio dolor reflejan cómo el trauma no procesado puede convertirse en arma. Su arco es incómodo, doloroso y necesario.
Una parte fundamental del relato es el paralelismo entre el pasado de Lily y su presente. Los recuerdos de su madre, los golpes escondidos tras puertas cerradas y las frases que marcaron su infancia resurgen para advertirle que la historia está repitiéndose. La película profundiza en la idea de que romper un ciclo no es solo alejarse del daño, sino reconocer el propio valor. La lucha de Lily es tanto emocional como espiritual: una batalla por convertirse en la mujer que siempre quiso ser.
El desenlace es tan duro como hermoso. Lily toma una decisión que cambia su destino, enfrentando la pérdida, el miedo y la posibilidad de una vida distinta. No es un final feliz idealizado, sino uno lleno de dignidad, crecimiento y un amor propio que por fin encuentra espacio para florecer. “Romper el círculo” termina con un mensaje poderoso: la violencia no define el amor, y una sola decisión valiente puede liberar a generaciones futuras de repetir la misma historia.