
Dirigida por Alberto Gastesi y estrenada en 2025 con el título original Singular, la película se sumerge en una reflexión profunda sobre el dolor y la obsesión contemporánea por reparar todo aquello que se rompe. En un mundo donde la inteligencia artificial comienza a formar parte del día a día, la historia plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando intentamos pulir lo errático de la existencia en lugar de aprender a convivir con ello?
Desde sus primeros minutos, el rostro de Diana ocupa el centro del relato. Una conversación inicial, casi ajena al espectador, sirve como puerta de entrada a su universo emocional. Sus gestos hablan más que las palabras, revelando una mujer atrapada entre recuerdos, silencios y preguntas sin respuesta. La motivación que encuentra en la inteligencia artificial aparece como un impulso para seguir adelante, aunque pronto queda claro que el verdadero conflicto está en enfrentar el significado del dolor.
Gastesi decide alejar la cámara de los personajes y situarlos en un entorno bucólico y solitario. Ese contraste entre amplitud visual y encierro emocional construye un thriller sereno pero inquietante. Diana y su expareja se mueven en un espacio donde cada pausa pesa, y donde la visión errática de Martín introduce una sensación constante de extrañeza.
El relato avanza hacia una estructura de bucles con pequeñas variaciones, como si estuviéramos presenciando un experimento de laboratorio. Cada repetición gira alrededor del duelo y sus consecuencias, explorando distintas posibilidades de afrontar la pérdida. La aparición de una tercera figura reconocible para ambos protagonistas intensifica el conflicto, empujando la narrativa hacia un terreno cada vez más asfixiante.
La película confía en los cuerpos, las miradas y los espacios vacíos para expresar aquello que no puede decirse. El silencio se convierte en una herramienta narrativa poderosa, capaz de transmitir miedo, confusión y tristeza sin necesidad de subrayados. La interpretación central sostiene un conflicto materno y existencial que se desarrolla con contención, aportando humanidad a una propuesta cargada de ideas.
En su tramo final, Singular abraza de lleno la ciencia ficción para cerrar su reflexión sobre el duelo, el artificio y la mente humana. Aunque esta explicación puede sentirse explícita, no rompe la frescura del conjunto. La película termina consolidándose como una declaración de intenciones: una obra minimalista e intrigante que cuestiona nuestra necesidad de perfección y reivindica lo imperfecto como parte esencial de vivir. Porque el dolor no se optimiza… se atraviesa.