
Dirigida por Jon M. Chu y estrenada en 2025 con el título original Wicked: For Good, Wicked: Por siempre retoma la historia justo donde quedó la primera parte y la empuja hacia su desenlace definitivo, emocionalmente devastador y narrativamente ambicioso. El mundo de Oz ya no es un escenario de descubrimientos, sino un territorio marcado por la traición, la propaganda y el miedo. Elphaba y Glinda, separadas por decisiones irreversibles, avanzan por caminos opuestos que inevitablemente conducen al sacrificio. Desde el primer minuto, la película deja claro que la inocencia ha quedado atrás y que toda elección tendrá consecuencias profundas.
Elphaba, interpretada con intensidad por Cynthia Erivo, se ha convertido oficialmente en la Bruja Malvada del Oeste, no porque lo sea, sino porque así la ha definido el poder. Perseguida, demonizada y aislada, su arco se vuelve trágico cuando comprende que la verdad ya no importa tanto como el relato impuesto. La película no oculta su destino: Elphaba asume que su sacrificio es necesario para proteger a quienes ama y para preservar una esperanza futura. Su aparente caída no es una derrota, sino un acto final de amor y resistencia silenciosa.
Glinda, encarnada por Ariana Grande, vive el reverso del poder. Aclamada como símbolo de bondad, disfruta de privilegios que contrastan brutalmente con el destino de Elphaba. Sin embargo, Wicked: Por siempre no suaviza su conflicto interno: Glinda sabe la verdad y elige callar. Su evolución es dolorosa, marcada por la culpa y por la comprensión tardía de que su silencio ha costado una vida. El final revela que su castigo no es la caída, sino vivir para siempre con el peso de lo que no se atrevió a cambiar.
El Oz que presenta la película es abiertamente político y despiadado. El Mago y Madame Morrible utilizan el miedo como herramienta de control, fabricando villanos para mantener el orden. La narrativa no deja lugar a ambigüedades: la muerte simbólica de Elphaba es necesaria para que el sistema continúe funcionando. Esta lectura oscura y adulta transforma el musical en una alegoría sobre cómo las sociedades construyen enemigos para sostener el poder, incluso a costa de la verdad y la justicia.
El vínculo entre Elphaba y Glinda alcanza aquí su punto más doloroso. Ya no hay reconciliación posible, solo despedidas implícitas y silencios cargados de significado. La película no oculta que ambas se aman profundamente, pero también que ese amor no basta para cambiar el curso de los acontecimientos. El sacrificio de Elphaba y la renuncia emocional de Glinda sellan una relación destinada a existir solo en la memoria, convertida en leyenda.
Wicked: Por siempre cierra la historia con una valentía poco común en el cine musical. No ofrece consuelo fácil ni finales luminosos, sino una reflexión amarga sobre cómo se escriben las historias oficiales. El bien y el mal quedan expuestos como construcciones frágiles, moldeadas por quienes tienen voz. Es un final que duele, emociona y permanece, recordándonos que algunas heroínas no son celebradas en vida, sino comprendidas demasiado tarde.