La primera temporada sigue a Kitty en una decisión impulsiva: viajar a otro país convencida de que el amor puede resolverse con cercanía. Sin embargo, la experiencia rápidamente desarma sus certezas y la enfrenta a sentimientos contradictorios, celos, inseguridades y verdades que prefería evitar.
La temporada se centra en el choque entre fantasía y realidad. Kitty descubre que no puede controlar los sentimientos de los demás ni forzar finales felices. Las relaciones se vuelven más complejas y la protagonista comienza a cuestionar su forma de entender el amor.
El cierre de la temporada deja claro que el viaje no era solo romántico, sino personal. Kitty no regresa con respuestas, pero sí con una nueva conciencia sobre sí misma.









