La primera temporada sitúa a un grupo de estudiantes en el epicentro del brote, atrapados en su propio instituto mientras el virus se propaga sin control. La serie construye la tensión desde la claustrofobia, mostrando cómo los pasillos, aulas y gimnasios se convierten en espacios de peligro constante.
A lo largo de la temporada, los personajes se ven obligados a madurar a la fuerza. Las amistades se ponen a prueba, los romances nacen en medio del caos y la muerte deja de ser algo lejano para convertirse en una presencia cotidiana. Cada episodio suma pérdidas y decisiones difíciles, dejando claro que no todos sobrevivirán.
El cierre de la temporada es emocionalmente devastador. No hay victoria real, solo supervivientes marcados para siempre. La primera temporada de Estamos muertos funciona como un retrato crudo de la adolescencia enfrentada al horror absoluto, donde crecer demasiado rápido es la única forma de seguir con vida.











