La segunda temporada amplía el conflicto mostrando cómo el sistema se defiende cuando es amenazado. La narrativa se vuelve más política, exponiendo el uso del miedo, la propaganda y la manipulación mediática como herramientas de control.
Los personajes comienzan a entender que desenmascarar a los héroes no basta si el público prefiere seguir creyendo la mentira. La temporada profundiza en la idea de que la verdad solo importa cuando alguien está dispuesto a escucharla.
El tono se vuelve más oscuro y tenso, confirmando que el poder no cae fácilmente y que cada avance trae consecuencias peligrosas.







